
Cambio el título del blog para dejarlo en este Argumentos en busca de autor, que es menos egotista y más pirandelliano y goloso. También porque todo lo que escribimos nace con la intención de encontrar a ese autor que le entregue sentido y vida a nuestras palabras, ese autor al que a veces llamamos lector.
Él nos inventa, no refuta, nos tergiversa, y a veces nos desprecia y nos destruye. A veces incluso aparece de improviso en una presentación y nos da la mano. Peligroso. Esa mano, en contra de lo que parece, tan fofa y blanquita, es la mano de tu verdugo.
Sí, porque el lector, además del autor de tus libros, es también tu verdugo. Y si no lo es, lo será. Y está bien que sea así.
Nadie ignora que la guillotina es suya, y que nuestras palabras no hacen otra cosa que esperar, atrapadas entre los dos cepos de media luna, a que llegue el olvido en forma de cuchilla de acero.
Y para ser verdugo no hay que escribir grandes diatribas contra nadie. Cada lectura íntima es una ejecución pública.
Digamos que está uno en su casa empezando a leer un libro… Aún no ha pasado media hora y ya tiene que dejarlo. Pesa demasiado ese libro. Es un fiambre encuadernado, un ataúd con sobrecubierta y solapa, un ataúd con foto sonriente, y aunque uno no quisiera, ese libro es carne de guillotina.
Dejo el libro en su anaquel, seguro de que nunca más lo volveré a abrir. Y en lo que a mí respecta, la guillotina está en marcha.
Decía que el lector es el autor. Y lo es sin dejarse nada en el esfuerzo, con alegría, como un verdugo sediento, pero no de sangre, sino de felicidad y de inteligencia.
Pues aquí deja uno su partitura, sus argumentos. Y que venga el verdugo cuando quiera.
Él nos inventa, no refuta, nos tergiversa, y a veces nos desprecia y nos destruye. A veces incluso aparece de improviso en una presentación y nos da la mano. Peligroso. Esa mano, en contra de lo que parece, tan fofa y blanquita, es la mano de tu verdugo.
Sí, porque el lector, además del autor de tus libros, es también tu verdugo. Y si no lo es, lo será. Y está bien que sea así.
Nadie ignora que la guillotina es suya, y que nuestras palabras no hacen otra cosa que esperar, atrapadas entre los dos cepos de media luna, a que llegue el olvido en forma de cuchilla de acero.
Y para ser verdugo no hay que escribir grandes diatribas contra nadie. Cada lectura íntima es una ejecución pública.
Digamos que está uno en su casa empezando a leer un libro… Aún no ha pasado media hora y ya tiene que dejarlo. Pesa demasiado ese libro. Es un fiambre encuadernado, un ataúd con sobrecubierta y solapa, un ataúd con foto sonriente, y aunque uno no quisiera, ese libro es carne de guillotina.
Dejo el libro en su anaquel, seguro de que nunca más lo volveré a abrir. Y en lo que a mí respecta, la guillotina está en marcha.
Decía que el lector es el autor. Y lo es sin dejarse nada en el esfuerzo, con alegría, como un verdugo sediento, pero no de sangre, sino de felicidad y de inteligencia.
Pues aquí deja uno su partitura, sus argumentos. Y que venga el verdugo cuando quiera.

15 comentarios:
Sin duda un argumento inteligente,el del verdugo claro.
Iré indagando a ver qué tal Bruno Mesa,ya te diré...
Un saludo!
Genial. Y espero que este genial no sea demasiado afilado...
Abrazo.
Hola;-)
Es la primera vez que me siento verdugo. Es una experiencia.
Lo cierto es que suele gustarme lo que leo por aquí, por eso vuelvo. No sé si sedienta de felicidad e inteligencia, pero sí agradecida por encontrar tus entradas flotando en el inmenso mar de la red: un poco de lucidez (un tanto amarga, eso sí, creo que ya lo he dicho) en medio de mucha tontería.
Sigo esperando a que dejes de dar vueltas en tu aburrido círculo de escritor creído y odiado; a que dejes de ahogarte en tus palabras aburridas y muy bien decoradas; a que dejes de ser alguien para poder ser mejor.
Espero que lo consigas, que consigas salir de Bruno el poeta, el querido creador, porque estoy seguro que así escribirás mejor.
creo que el lector, a veces, se implica mucho más que el autor; sobre todo en ocasiones tales que el autor peca de algo parecido a nihilismo complaciente, y ese pretendido "estar de vuelta" queda como incómoda pelota en el tejado del lector; dejo dicho machado que "nunca nos enseñaria el escepticismo cansino y melancólico de quienes piensan estar de vuelta de todo; es la posición más falsa y más ingenuamente dogmática que pueda adoptarse; ya es mucho que vayamos a alguna parte. Estar de vuelta: ni soñarlo! ..."
un saludo
Es curioso; ahora resulta que existen VERDUGOS que se afanan en ocultar sus envidias literarias, acaso porque ellos no puden -no han podido- desarrollar una voz propia con la que quedar del todo satisfechos, y se encierran en burbujas de sentencias esdrújulas y dictámenes soberbios, como si tuvieran la última palabra en esto de la escritura y la poesía. Las fabulillas literarias de Tomás de Iriarte, con toda su buena moralidad y sus sermones de bestias librepensadoras le lanzaba yo a la cabeza a este verduguillo de capa fina y bigotillo de pez. ¡¡Ala, VERDUGO, a leer las fabulillas, a ver si aprendes algo!!
Hola, soy el verdugo. Vengo a por todos vosotros... GGGUUUUAAAAHHHHH!!!
Oye, Bruno, aunque veo que no es tu política, creo que aquí hay mucho energúmeno con ganas de fastidiar. Gente que no entiende nada. Creo deberías moderar esos comentarios que no aportan nada. insultar es tan fácil
Bueno, aquí tienes, si te sirve, alguien que te lee.
Vaya, qué rápido salieron a machacarte. Jejeje
Es que no te pasan una.
El que me gusta es ese ¿verdugo? Ese sí que no tiene ni idea. Dice que dejes de ser el Bruno el poeta para ser algo mejor. Y encima te da recomendaciones para escribir mejor. Aquí hay mucha gente que se cree genial.
Y luego el josman que dice que estás de vuelta de todo... Vaya pandilla.
por mi parte, hablo de la particular relación entre autor y lector cuando el primero juega a "nihilista pasmado y cansado", si ves un ataque personal, sencillamente te equivocas o te precipitas...
Hermoso texto, amigo Bruno, este de "Nota para verdugos". Gracias. Tienes razón en lo que dices: en verdad todos lo somos -y sobre todo de nosotros mismos- en cada acto que hacemos, con cada paso que damos.
Qué nos corten, a todos, la cabeza.
(Por cierto, en relación al 4º comentario, creo que no ha entendido nada. Qué pena me da el pobrecillo. A lo mejor piensa que escribe como los ángeles).
La reflexión de Bruno, con su acertada definición de lector, no hace sino reflejar una realidad, cuando menos hermosa, que es el regalo que recibimos al abrir un libro y encontrarnos en él. No entiendo cómo se puede interpretar esto negativamente, no comprendo qué lectura está haciendo el verdugo entre interrogantes.
Bruno, si ladran es porque cabalgas. Gracias por tu lucidez entre tanta confusión.
A mi me da que al señor Mesa se le está escapando un poco el norte.Creo que son ya tres los textos publicados en este blog en los que se reivindica como una víctima de la incomprensión. Quizá piensa que de alguna manera esta sociedad, o este momento que le ha tocado vivir no le comprende, no está a la altura de sus palabras. Señor Mesa, el lector no es verdugo ni víctima, como tampoco lo es el autor:ambos son meros actores de un juego que puede ser divertido o trágico según si piensa que se le va la vida en ello o no. De ser así, quizá tenga usted una visión distorsionada de su ego.Hágaselo mirar.
A mí lo que me parece es que utilizar un anónimo para insultar no es más una cobardía típica de internet.
A mi lo que me parece es que la gente entiende lo que quiere. En ninguna parte del texto, Bruno aparece como víctima de un verdugo sangriento, en cualquier caso utiliza la metáfora del verdugo sediento de felicidad e inteligencia, para ser él también ese verdugo que busca detrás de una lectura, una felicidad. No leo por ningún sitio que sea él solamente el ajusticiado. Cada lector encuentra efectivamente lo que quiere en un texto. Es eso mismo lo que está explicando Bruno, o por lo menos lo que yo entiendo como lector. Me parece que el que quiere encontrar un ego desmedido es porque es desde su ego de donde lee, por eso es lo que encuentra.
Publicar un comentario en la entrada