Enemigo público





Era el hombre más peligroso que habían conocido, el enemigo público, el destructor de todo aquello en lo que creían: no quería matar a nadie. 


Muchos se avergüenzan en público de sus políticos, pero nadie se avergüenza de sí mismo. No conviene que el culpable esté en casa, que desayune con nosotros cada mañana y escuche nuestra respiración antes de abandonarnos al sueño.

Es costumbre que nos deslicemos hacia la solución más rápida: si debe cambiar alguien que cambien los otros.

Todos los días me propongo juzgar al mundo, pero solo consigo encontrarme culpable. 


Las personas más responsables y prevenidas nos recomiendan que cuidemos nuestra salud: quieren que mejoremos nuestra esperanza de vida. Es un consejo razonable siempre que tu vida merezca ser extensa. Existen lugares donde reducir la esperanza de vida por métodos tradicionales es considerado un acto de sabiduría.

-Debería dejar de fumar, señor, va usted a vivir quince años menos si no lo deja.

-Por eso no lo dejo. A ver si tengo suerte. 



Desarruga las sábanas de la cama como quien allana el desierto que su hijo debe recorrer para volver a ella. Hace años que él no duerme allí, pero todos los días ella deshace la cama y luego recompone ese rectangular y confortable universo. El ritual la tranquiliza. Sus otros hijos y su marido no entienden.

Es un error muy común conmoverse con las ausencias e ignorar las presencias.

Son los privilegios de la lejanía y de la muerte. 



Imagen: Ben Benowski