Todos a la hoguera



Los sabios han dictado sentencia y han impuesto una pena: no crean ustedes a esa gentuza que escribe en internet. Lean ustedes a los maestros que inundan las bibliotecas y los periódicos: ellos sí conocen la verdad.
Contra los deficientes y poco fiables contenidos de internet se levantan desde hace años las inteligencias más agudas y certeras de la tribu. La red mundial es un gran estercolero. Eso afirman, y debemos creerles, por ellos son gente honesta.

Internet es un tremedal donde uno puede hundirse si no te acompaña un guía valeroso y lúcido, un cicerone acostumbrado a domesticar selvas y allanar montañas. Y debemos creerles, porque ellos son gente honesta.

En las librerías no ocurre eso: allí todo es alta literatura, todo es perfección y genialidad. Si un libro llega hasta una librería, nos dicen, es que ha pasado por unos mínimos filtros de seguridad, por un cedazo de garantías intelectuales. Y debemos creerles, porque ellos son gente honesta, los representantes de la masa encefálica de nuestro país.

En internet no hay filtros y no hay certezas, porque los seres que se acercan a internet no saben razonar, no distinguen, no alcanzan a comparar dos datos, dos definiciones. Y debemos creerles, porque ellos son gente honesta.

Es verdad que a veces estos genios del pensamiento se contradicen. Pero ellos tienen permiso, porque contradecirse desde la tribuna es un acto de genialidad, y hacerlo desde el fango es una torpeza. Se contradicen y se quedan muy contentos, como alelados, cuando algún infame bloguero (esos seres purulentos, ególatras y cínicos) les dedican unas líneas elogiosas a su último libro. Entonces, aunque sólo sea por una vez, reconocen que internet tiene sentido, porque ellos saben que una flor de la inteligencia ha brotado entre la inmundicia y el limo. Y debemos comprender su repentino afecto, porque ellos son gente honesta.

La verdad es que esta enfermedad es muy antigua, tan antigua al menos como el miedo. La llegada de la imprenta aterrorizó a la Iglesia, que temía con razón que las ideas heréticas se propagaran por el mundo sin control. Ellos encontraron la manera de controlarlo casi todo, pero el invento de Gutenberg fue más poderoso y la maldad terminó abriéndose paso. Cualquier pobre desgraciado, cualquier siervo de la gleba, con un poco de instrucción y de caletre, podía acceder a la sabiduría universal.

Hace ya unos años que internet es el mal. La lujuria, el ocio, el fanatismo y la locura invaden la red, y todos sabemos que de eso no hay nada en las librerías, en los periódicos o en la televisión. Si los inquisidores pudieran, nos mandarían a todos a la hoguera por pervertir a la casta literatura y su purísima leyenda.

4 comentarios:

  1. buenísimo, Bruno. Se puede decir más alto, pero no más claro. Atacar la www no es más que una forma de queja ante lo imprevisible y lo que da miedo y lo que no podemos controlar. Supongo que os atacan porque temen que las críticas que hacéis les importenn a sus lectores. Temen que cambie el sagrado canon, que Babelia o el ABCD ya no sea la unica voz autorizada.

    Bravo por vosotros y un saludo

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  2. "Si los inquisidores pudieran..."
    Pero no pueden.
    A mí, plin.

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  3. Polilla Guatemalteca8 de febrero de 2009, 23:51

    En cualquier caso,creo que es un miedo lícito.Miedo a lo desconocido,a aquello que no dominamos,a aquello en lo que un niño de diez años puede darnos lecciones.Siendo los representantes de la masa encefálica del país,es duro asumir que no entendemos mucho la naturaleza de nuestro supuesto enemigo.

    Me da la impresión de que hay demasiada gente que no se ha dado cuenta que esto de internet es otro capitulo que se estudiará en los libros de historia;probablememte como se hace hoy en día con la revolucion industrial,revolución copernicana,etc..

    Y finalmente,ha democratizado el acceso a cualquier tipo de conocimiento.Es cierto que hay gran cantidad de basura pero fuerza al individuo a autoaprender,a investigar y a criticar sobre lo que busca.Bueno,o a mí me lo parece,jeje..

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  4. Gracias por la visita a los tres.

    Un abrazo.

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