
Imagen: Ben Benowski
Viven para servir a otros, y rara vez se quejan de su condición. No parecen estar, son casi invisibles, pero sin ellos todo se desmoronaría. Quieren al que nadie quiere, al apestado, al loco, al genio, al insoportable vanidoso, a la hermana neurasténica, al depresivo o al amigo enfermo. Callan y trabajan, y su nombre es cualquier nombre.
Se alegran íntimamente cuando las personas a las que cuidan consiguen algún éxito. Pero no les importa estar detrás, casi se diría que buscan la sombra, ese lugar donde las cámaras no llegan.
Joseph Brodsky conoció alguien así, Nadeyda Mandelstam, y le dedicó la más hermosa de las necrológicas que yo he leído. Está incluida en su libro Menos que uno.
El talento no necesita para nada de la historia, escribió Brodsky. Es cierto, el talento se abre paso contra la historia, incluso contra sí mismo. Lo que no puede soportar nadie, tampoco nadie con talento, es la absoluta soledad moral, la ausencia de un último refugio, de una amistad leal que esté más allá del bien y del mal.
“El estoicismo es el suicidio”, escribió Cesare Pavese en las últimas páginas de su diario. Si el único camino es el saber, el camino es un callejón sin salida. Si todo lo que nos queda es autocontrol, entonces no nos queda nada.
Pavese encontró ese vacío último que está más allá de todos los trabajos de la vida: más allá de la subsistencia, de la autoestima y del deseo. Encontró que no había nadie que creyera en él y dijo basta.
Todo sucede alrededor como en una alucinación: herrumbre, azulviscoso, verdemoho, algas.
Pero si tienes suerte, tendrás alguien que cree en ti y en quien puedes creer. No te hinches entonces, sólo resiste y camina.
Se alegran íntimamente cuando las personas a las que cuidan consiguen algún éxito. Pero no les importa estar detrás, casi se diría que buscan la sombra, ese lugar donde las cámaras no llegan.
Joseph Brodsky conoció alguien así, Nadeyda Mandelstam, y le dedicó la más hermosa de las necrológicas que yo he leído. Está incluida en su libro Menos que uno.
El talento no necesita para nada de la historia, escribió Brodsky. Es cierto, el talento se abre paso contra la historia, incluso contra sí mismo. Lo que no puede soportar nadie, tampoco nadie con talento, es la absoluta soledad moral, la ausencia de un último refugio, de una amistad leal que esté más allá del bien y del mal.
“El estoicismo es el suicidio”, escribió Cesare Pavese en las últimas páginas de su diario. Si el único camino es el saber, el camino es un callejón sin salida. Si todo lo que nos queda es autocontrol, entonces no nos queda nada.
Pavese encontró ese vacío último que está más allá de todos los trabajos de la vida: más allá de la subsistencia, de la autoestima y del deseo. Encontró que no había nadie que creyera en él y dijo basta.
Todo sucede alrededor como en una alucinación: herrumbre, azulviscoso, verdemoho, algas.
Pero si tienes suerte, tendrás alguien que cree en ti y en quien puedes creer. No te hinches entonces, sólo resiste y camina.







